A cerca de “Azabache” de Anna Sewell

   Hace poco más de un mes al pasar por un kiosco de revistas me vi atraído por la figura de un bello corcel, que me saludaba desde la tapa de un libro injustamente rotulado como “infanto - juvenil”. Como era de esperar, no pude con mi genio y lo compré. Dicha obra era “Azabache”, de la escritora británica Anna Sewell.

Recuerdo haber leído su nombre de niño, en la contratapa de las novelas que solía devorar por aquel entonces.

Siempre me atrajo, pero como no lo tenía, nunca pude leerlo y a mis 36 años pude ponerme al día.

De entrada me llamaron la atención dos cosas: una es que la historia está narrada por el mismo caballo y la otra es que  realmente “Azabache” existió allá en la segunda mitad del siglo XIX.

El leer todas las peripecias que le tocó vivir a este querible cuadrúpedo de “pura raza” lo atrapan al lector, mientras se aprende como era la vida por aquel entonces y las diferentes maneras de tratar a un caballo, (desde la más dulce a la más cruel), lo que contado fantásticamente en primera persona por el potro en cuestión, lo hace más fuerte.

El tema es que la vida de Azabache es la excusa o metáfora para hablar del alma humana y sus miserias. Sewell deja muchas enseñanzas a lo largo de las páginas, cito una al azar, pues elegir sería arbitrario. Sobre la crueldad a finales del capítulo 4º apunta que es la marca del mismo demonio y que si viéramos a alguien que se complaciera en la crueldad, podríamos saber a quien pertenecía, ya que el demonio era un asesino desde el principio y un torturador hasta el fin. Por el contrario donde viéramos personas que quisieran a sus vecinos y fueran bondadosas con hombres y bestias, reconoceríamos la marca de DIOS, puesto que “Dios es Amor”.

  

 Reflexión que remata al agregar que:

 

“La gente puede hablar cuanto quiera sobre su religión, pero si esta no les enseña a ser bueno con hombres y animales, no será más que una engañifa[1]… nada más que engañifa, que no tardará en descubrirse como tal”.

 

Más allá del lado cuáquero de la autora – agrupación religiosa a la que pertenecía y que se deja entrever en los pensamientos arriba citados -, creo que viene bien tomar conciencia sobre los tratos crueles a los que somos sometidos social, laboral o familiarmente hablando, en el día a día. Una crueldad que está lejos del asesinato, pero cerca del “marcar territorio”, de la “tortura psicológica”, de los “gritos”, de la “indiferencia”, del “subempleo”, de la “discriminación”, del “odio gratuito” hacia algunas personas por el simple hecho de No querer aceptar su manera de Ser, distinta a la de uno… da para mucho el reflexionar sobre todo esto que gira en torno al respeto al otro.

 

Si te llamó la atención, leelo, te lo recomiendo…. en Argentina conseguís su versión en tapa dura por pocos pesos… y en más de una biblioteca debe estar esperando de que lo pidan para ser leído.

 

                                  Ariel R.



[1] Engaño, mentira.